La charla fue organizada por el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF). Lorenzetti expuso ante estudiantes de todo el mundo en el marco de dos programas de formación del organismo: el Diplomado en Gobernabilidad e Innovación Pública (DGIP) y el programa Liderazgo para la Transformación 2.0 (LPT 2.0), que reúne a participantes de distintos países, entre ellos México, Brasil, Argentina y diversas naciones del Caribe anglófono. Debido a esa diversidad, la actividad fue transmitida simultáneamente en tres idiomas: español, inglés y portugués.
La exposición, desarrollada en formato virtual ante 850 estudiantes, se centró en la crisis del Estado de bienestar, el impacto de la inteligencia artificial en el mundo del trabajo, los desafíos que enfrentan las democracias contemporáneas y la necesidad de construir nuevos liderazgos capaces de generar esperanza.
La apertura estuvo a cargo del vicepresidente corporativo de CAF, Cristian Asinelli, quien destacó a Lorenzetti como “un líder muy importante de Argentina con proyección internacional, muy conectado en toda América Latina, el Caribe, Europa y Estados Unidos; una persona muy reconocida no solamente por sus capacidades técnicas y jurídicas, sino también por sus valores y por el trabajo que viene realizando en torno a temas clave que hoy forman parte de la agenda de los países miembros de nuestra institución”.
Fundada en 1970, CAF —anteriormente Corporación Andina de Fomento— se ha consolidado como una institución financiera multilateral comprometida con el desarrollo sostenible y la integración regional. Con 24 países miembros, se posiciona como un actor clave en el financiamiento de iniciativas estratégicas y en el respaldo a proyectos de impacto para la región.
Al comenzar su exposición, Lorenzetti propuso una lectura histórica de la evolución del liderazgo político durante el último siglo. Según explicó, el siglo XX estuvo marcado por la figura del “padre protector”, representada por el Estado de Bienestar, cuya misión era garantizar protección social a la ciudadanía. “Todo ese programa de liderazgo del siglo XX basado en el Estado de Bienestar generó esa idea de un padre protector”, señaló.
Sin embargo, afirmó que ese modelo comenzó a mostrar signos de agotamiento hacia fines del siglo pasado. “Comenzó una crisis, no solo financiera o económica, sino también una crisis en ese liderazgo del Estado de Bienestar que no logró dar resultados específicos y concretos”, sostuvo. A partir de allí describió una segunda etapa, caracterizada por lo que definió como el “padre fracasado o paralizado”. A su juicio, el problema no fue la idea del Estado de Bienestar en sí misma, sino la incapacidad de gestión para responder a las demandas sociales.
“Hoy es más importante la capacidad de veto que la capacidad de gestión. Cualquier decisión que se toma generalmente es vetada”, afirmó al explicar el fenómeno de la “vetocracia”, donde la judicialización, la fragmentación política y los conflictos institucionales dificultan la implementación de políticas públicas.
Ese escenario, agregó, abrió paso a un tercer modelo: el “padre enojado”, asociado al ascenso de liderazgos antisistema. “No es solo una polarización entre dos sectores, sino una reacción contra el sistema”, explicó. Y agregó: “No es que los líderes solamente pretendan estar enojados, sino que son las sociedades enojadas las que se reflejan en esos liderazgos muchas veces autoritarios”.
Para Lorenzetti, ese fenómeno representa uno de los principales desafíos contemporáneos para las democracias. “Muchas encuestas muestran que la población prefiere resultados y no le interesa demasiado si vienen del sistema democrático o del sistema autoritario”, advirtió.
En ese contexto, identificó una “profunda desconexión entre las instituciones y la sociedad”. De este modo, mientras el mundo cambia aceleradamente por efecto de las nuevas tecnologías, la economía y la geopolítica, gran parte de la dirigencia continúa utilizando categorías propias de otra época. En consecuencia, remarcó que “las instituciones tienen un discurso basado en todo lo que se ha aprendido y desarrollado durante 200 años, pero ha cambiado la base: el sistema social, el sistema económico, el sistema tecnológico y el ecosistema geopolítico cambiaron”.
Otro de los ejes centrales de la conferencia estuvo dedicado al impacto de la inteligencia artificial y del ecosistema tecnológico sobre el empleo. “No es solamente la inteligencia artificial. Tenemos robótica, tecnologías de la vida y una multiplicidad de cambios al mismo tiempo”, explicó.
Según sostuvo, la velocidad de estos avances transformará profundamente el mercado laboral. “Prácticamente puede hacer toda tarea humana. Y si puede hacer toda tarea humana y cada vez lo hace mejor, estamos asistiendo a un impacto fenomenal porque muchas profesiones habituales están quedándose totalmente desactualizadas”. Como ejemplo mencionó el ejercicio de la abogacía, la arquitectura, la traducción y parte de las tareas médicas, además del creciente nivel de automatización industrial. A su entender, este proceso ya no afecta únicamente a los trabajadores manuales, como ocurrió durante la Revolución Industrial, sino también a las profesiones características de la clase media.
Lorenzetti también alertó sobre las implicancias democráticas de la concentración masiva de datos personales. “Si todos esos datos se centralizan, se puede saber exactamente lo que cada uno de nosotros hace todo el día, lo que hizo en el pasado y lo que hará en el futuro. Esto es un desafío a la gobernabilidad de la democracia”.
En la parte final de su exposición incorporó el impacto del cambio climático dentro de los desafíos institucionales del siglo XXI. Afirmó que el deterioro ambiental ya modificó la lógica del desarrollo económico y obliga a replantear el diseño urbano, la infraestructura y la gestión pública. “La naturaleza se ha vuelto un recurso escaso”, sostuvo, y explicó que “es mayor el costo de seguir así que el beneficio”.
Como cierre, Lorenzetti llamó a construir un nuevo paradigma de liderazgo basado en la eficacia de la gestión y en la recuperación de valores compartidos. “Estamos realmente en un fin de ciclo y hay que pensar un ciclo nuevo”, afirmó.
Ese nuevo escenario, explicó, requiere “despolitizar la gestión” para que el Estado pueda ofrecer resultados concretos, pero al mismo tiempo “repolitizar la democracia”, devolviéndole contenido ético e ideales que permitan reconstruir el vínculo entre dirigentes y ciudadanía.
“Lo que necesitamos son disputas de valores. Necesitamos verdaderos narradores morales de la nación, personas que tengan ideales y que con esos ideales entusiasmen”, concluyó.

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