El evento fue organizado por la Universidad del Salvador (USAL) y la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI).
La exposición, titulada “El liderazgo del siglo XXI: inteligencia artificial, ambiente, crisis sociales y Estado de derecho”, reunió a una amplia audiencia de estudiantes y académicos en el Salón San Francisco Javier, S.J. del Rectorado de la Universidad del Salvador. Allí, el ministro de la Corte Suprema reflexionó sobre el impacto de la IA en el mundo del trabajo, los desafíos que enfrentan las democracias contemporáneas y la necesidad de construir nuevos liderazgos capaces de generar esperanza.
Ante un auditorio colmado, el magistrado sostuvo que el mundo atraviesa “un verdadero fin de ciclo” que obliga a repensar las instituciones y las formas tradicionales de gobernar. “Estamos asistiendo a un verdadero fin de ciclo. Este fin de ciclo se expresa en tres modelos importantes de gobernabilidad”, afirmó al comienzo de su exposición.
“Ese padre fracasado generó el padre enojado, es decir, la reacción social de enojo frente a unas instituciones que no le respondían”, señaló. Para Lorenzetti, el problema trasciende a los gobiernos de turno: “El problema es la sociedad enojada y hacia dónde nos lleva ese enojo” .
A su juicio, el fenómeno más preocupante es la desconexión entre las instituciones y la ciudadanía. “Estamos asistiendo a una gran desconexión de las instituciones respecto de la sociedad”, advirtió. Esa distancia, sostuvo, explica la fragmentación política, la dificultad para construir mayorías estables y la pérdida de legitimidad de los sistemas democráticos.
Además, señaló que la crisis actual no responde a una única causa, sino a la convergencia de múltiples transformaciones simultáneas. “Estamos asistiendo a un cambio en el sistema social, en el sistema económico, en el sistema ambiental, en el ecosistema tecnológico y geopolítico. Todo esto está cambiando al mismo tiempo”, explicó. En ese sentido retomó un concepto impulsado por el papa Francisco: la “policrisis”, entendida como la superposición de distintas crisis que se potencian entre sí y obligan a revisar las respuestas tradicionales del Estado.
Uno de los ejes centrales de la conferencia estuvo dedicado al impacto de la inteligencia artificial sobre el empleo y las profesiones. Lorenzetti sostuvo que la automatización ya está modificando profundamente el mercado laboral y advirtió que numerosas actividades podrían verse reemplazadas por sistemas inteligentes. “La abogacía puede estar en una verdadera crisis si es reemplazada por cualquier sistema de inteligencia artificial. No vamos a necesitar demasiados abogados y abogadas”, afirmó. También mencionó posibles impactos sobre arquitectos, traductores, contadores y otros profesionales de la clase media.
Incluso recordó las proyecciones difundidas este año en el Foro Económico Mundial de Davos. “Se habla de que puede generarse un 40% de desempleo a nivel global”, señaló, y agregó que el presidente del Banco de Inglaterra comparó el alcance de esta transformación con el provocado por la Revolución Industrial.
Frente a ese escenario, consideró que la educación debe cambiar radicalmente. “Lo típicamente humano es irremplazable”, sostuvo. Entre las capacidades que deberán fortalecerse mencionó la adaptación permanente, el pensamiento crítico y la interpretación de la información.
“No tiene sentido enseñarle a alguien datos, porque hoy los docentes no pueden competir con el celular ni con la inteligencia artificial en materia de datos. Lo importante es interpretar esos datos, relacionarlos y desarrollar espíritu crítico”, explicó.
Otro de los cambios estructurales señalados por el juez fue la transformación del paradigma ambiental. Según el juez, el deterioro de los recursos naturales ya está modificando las reglas del comercio internacional y de las inversiones. “Hoy no hay nadie de los grandes prestadores internacionales que dé un crédito si no hay un estudio de impacto ambiental”, sostuvo.
Para Lorenzetti, ignorar esa tendencia tendría consecuencias económicas además de ambientales. “Si la gobernabilidad no piensa esto, no solo vamos a tener una catástrofe ambiental; vamos a tener una catástrofe económica”, advirtió.
Frente a este escenario, Lorenzetti propuso dos transformaciones complementarias. La primera consiste en “despolitizar la gestión”, incorporando tecnología y profesionalización para mejorar el funcionamiento cotidiano del Estado. “Si nosotros aplicáramos toda la tecnología que hay hoy en la gestión, la vida de la gente sería mucho más simple, mucho más rápida”, afirmó. Pero al mismo tiempo sostuvo que resulta indispensable “politizar la democracia”, devolviéndole contenido, sentido y capacidad de construir proyectos colectivos.
“La democracia está vacía de contenido”, advirtió. En lugar de una política dominada por la confrontación permanente, propuso recuperar la construcción de consensos y de ideales compartidos.
En ese sentido, sostuvo que “lo que hace falta es construir relatos, construir ideales, entusiasmar, dar esperanza. Esa es la gobernabilidad”. Como ejemplos de consensos sociales que nacieron desde la ciudadanía mencionó el movimiento feminista y las políticas de derechos humanos, procesos que, según dijo, terminaron consolidándose como acuerdos fundamentales de la sociedad argentina.
En el tramo final de la conferencia, Lorenzetti planteó que las transformaciones tecnológicas no solo modifican la economía sino también los vínculos humanos: “El sistema tecnológico construye desesperanza, construye desilusión, aislamiento”.
Frente a ello, propuso fortalecer los espacios de encuentro, recuperar la dimensión comunitaria y promover liderazgos capaces de inspirar proyectos comunes. “Lo que necesitamos es exactamente lo contrario: reconstruir la esperanza, entusiasmarnos, intercambiar y luchar por algo”, afirmó. Y concluyó con la idea que atravesó toda su exposición: “La gobernabilidad hoy es la lucha por lo humano; el ideal es lo humano”.

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